Hay tres formas de ser pequeña.
Una es ser infantil. Ser un niño, inmaduro tal vez, pero inocente y desprovisto de maldad, simple y bello. Sin tantas preocupaciones absurdas que nos alejan de la vida, viviendo el ahora.
La comodidad y la confianza te hacen pequeño de un modo parecido, pero diferente: dejas de lado el orgullo y la prepotencia, la altivez y el descaro; y te muestras como eres, con virtudes y defectos, sin tapujos, sin absurdos ensalces.
Pero hay otro modo, terrible, de sentirse pequeño. Es verse patético, débil, inútil. Es sentirse ignorante e ignorado, insignificante, invisible entre el resto de gigantes que te aplastan con su certeza y su trazo inquebrantable.
Así es como a veces soy pequeña.
martes, 14 de abril de 2015
Pequeñeces
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