No me haces falta. No en un sentido de necesidad insana: si alguna vez lo hiciste ese día no es hoy: no estoy sola. A ratos, me sobra gente. Sin embargo, te elijo. Por cinco años juntas, o por un verano; por no detener la cuenta. Por feria, por los chicos y por los padres. Por los estudios, por los paseos y por nosotras. Por las carreras la nocilla y el queso. Eso que nadie más entiende.
Hemos tenido mucho tiempo para conocernos. Quizá ahora puedas comprender mi mayor defecto: que voy y vengo. Quizá ahora afrontemos nuestro mayor defecto: que me odies por eso.
Siempre he sido así. No estoy siempre para nadie; ni siquiera para mí misma. Quiero pensar que soy como el viento: por corrientes, por tiempos... La diferencia es que a mí me puedes reclamar, si quieres.
Tienes razón, el silencio no mata un sentimiento, pero lo transforma. Es muy difícil mantener tal cual el amor en la ignorancia. Pero...
La mejor amistad es aquella en que tras mucho tiempo el reencuentro es un abrazo y ver... que nada ha cambiado. No quiero cambiar tu nombre de lugar, ni poner otro nombre en tu sitio.
No se me da bien llevar las riendas, así que dejo la pelota en tu tejado. Tú decides si es para siempre o hasta nunca.
P D. Todos vivimos en una de nuestras historias. Mi vida, mi historia; tu vida, tu historia; pero no podemos olvidar que todas las historias se entrelazan.
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