Tengo un millón de planes e ideas, de amistades y de objetivos. Salto de uno a otro sin cesar, la única constante es el cambio. Tengo mil caras y emociones, que van en altibajo y alternancia. Unas veces soy fugaz y destructora como huracán, y otras tranquila como la brisa: Soy aire.
A mi lado y siempre a salvo solo puede mantenerse la firme e inalterable tierra.
¿Lo eres tú? ¿O me equivoco contigo?
Eres por lógica y descarte. No eres apasionado y descontrolado como el fuego. No eres variable e impredecible como el aire. Tampoco fluyes y te amoldas como el agua. Eres firme, en tus ideas y opiniones, razonable pero no por ello manipulable. ¡jamás manipulable!
Si bien yo soy como el aire: inconstante, variable, alocada, impredecible; podemos decir ahora que soy un barco en el mar. Busco en una pareja la estabilidad que ofrece saber que hay un puerto al que regresar.
Que vaya donde vaya, a veces contigo a menudo sin ti; voy a tener con quien volver, algo seguro en mi vida. Alguien en quien confiar, a quien contarle mis aventuras y con quien comentar mis ideas locas. Que esté ahí para que este barquito no se pierda muy lejos, porque si explorar la vida puede ser divertido, también es muy peligroso y me puede hacer perder de vista mis objetivos, mi verdadero yo.
Por eso algunos me han reprochado que no busque a alguien con ideas tan liberales y revolucionarias como las mías, sin saber que lo que yo necesito a mi lado no es el fuego revolucionario, sino la cabeza fría de quien razona y piensa, quizá mucho más conservador, pero más firme para no dejarme llevar más lejos de lo que realmente quiero ir.
En fin, que aunque no lo acabes de entender lo que quiero, lo que necesito, es a ti.
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